Acuérdate de la hora,
en que te nombró Jesús
mi Madre y mi protectora
desde el árbol de la cruz.

Un abismo es el pecado
con que a mi Dios ofendí,
y estoy en él derribado
sin Dios ¡Oh Madre! y sin Ti.

Yo pequé, contrito lloro;
mil penas yo merecí;
tu misericordia imploro,
Madre, apiádate de mí.

Acuérdate que vine un día
al altar lleno de amor,
y te escogí por Madre mía
Madre de mi Salvador.

SÁLVAME, VIRGEN MARÍA

SÁLVAME, VIRGEN MARÍA;
ÓYEME, TE IMPLORO CON FE.
MI CORAZÓN EN TI CONFÍA,
VIRGEN MARÍA, SÁLVAME;
VIRGEN MARÍA, SÁLVAME, SÁLVAME.

Mis enemigos, Virgen mía,
de Ti me quieren apartar;
a Ti se acoge el alma mía,
que sólo Tú puedes salvar.

¡He pecado contra el cielo,
he pecado contra Dios!
mas Jesús sale a buscarme,
ofreciéndome el perdón.

Tengo un alma que no muere;
tengo un alma que salvar;
si al morir se me perdiere,
¡Ay de mí!, perdida está.

No he nacido para el suelo,
que es morada de dolor.
Yo he nacido para el cielo,
yo he nacido para Dios
.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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